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miércoles, 13 de agosto de 2014

Una historia de amor entre los animales: Wang y BeeGee

Era un amor de verdad, el que existía entre Wang y BeeGee. Se conocieron desde muy jóvenes en el zoológico de Johannesburgo. Fue el destino el que los unió, Wang nació en Japón, y ella en Canadá. Recorrieron miles de kilómetros, y varios continentes para enlazar sus vidas en Sudáfrica, al otro extremo de la tierra.
Crecieron juntos, y desde los seis meses compartían juegos. Poco o poco se hacían más grandes; el fuertemente valiente y ella bellamente tierna. Eran la pareja más bonita del lugar, quienes los visitaban no podían dejar de verlos, ellos eran divertidos y cariñosos. Poco a poco el amor fue creciendo entre los dos.
Como toda pareja enamorada, siempre se expresaban su afecto. A él le gustaba que ella le rascara la cabeza suavemente, y a ella que él la abrazara con dulzura. Y a pesar de todos los años que vivieron juntos, eso nunca cambió.
Ellos compartieron toda su vida, encerrados en un pequeño espacio. Soñaban con vagar libremente por la tundras de Canadá, el país de BeeGee. Pero esto nunca ocurrió. Ellos debían permanecer en África, dónde tantos los admiraban.
Aunque se amaron, nunca pudieron tener hijos, ya que necesitaban el frío para poder tenerlos. BeeGee hubiera sido una excelente mamá, capaz de pasar cinco meses sin comer por cuidar a sus pequeños…pero eso tampoco pudo ser.
El tiempo pasó, y la vejez les llegó a los dos y con ella las enfermedades. Ella se fue primero, su corazón dejó de latir en un mes de enero. Él, pasó sus últimos días extrañando a su amada, y dejó de hacer las cosas que más disfrutaba. Muchos intentaron llenarlo de regalos y premios para hacerlo feliz, pero nada parecía aliviar su tristeza.
Hasta que un día, una mañana de agosto, lo encontraron acostado en el lugar donde siempre dormía su amada, había muerto de soledad. Ese día el mundo estaba de luto, había muerto el Ultimo Oso Polar del África.
Después de 30 años de cautiverio, no había nadie más en aquella jaula. Cientos de periodistas cubrieron la noticia. Wang y BeeGee, nunca se imaginaron que sus vidas harían historia, y de su amor se hablaría en los mejores diarios del mundo.
Niños y niñas, padres, profesores, grupos amantes de los animales de todo el mundo, llegaron esa tarde al zoológico. Todos querían decirles adiós, y como muestra de agradecimiento, por tantos años de alegría, les hicieron una última promesa: 
¡No visitarían más osos polares en cautiverio!
                     © 2014 Liliana Mora León

Nota: Cuento basado en la historia real de Wang y BeeGee, osos polares del zoológico de Johannesburgo.
Foto: http://www.fotos-bonitas.com/animales-enamorados/

miércoles, 16 de julio de 2014

Historia de amor al deporte: James Rodriguez, un héroe real

Sergio Felipe es un niño colombiano, que como tantos otros, ama el fútbol. Antes de poder caminar, ya le pegaba a la pelota con una fuerza increíble. Pronto cumplirá los 5 años, y es todo un goleador en su equipo barrial.

¿Sus ídolos?, los héroes del momento: Ronaldo y James Rodríguez. En el último mundial, la selección de Colombia fue eliminada por Brasil, y al final del juego, James, lloraba ante las cámaras por no pasar a la siguiente ronda.

­—¡Mamá, James está llorando! —dice Sergio algo desconcertado, nunca en su corta vida, había visto llorar a un hombre—.¡Míralo, está llorando! —le insiste a la madre.

—¡Sí Sergio, los hombres también lloran! —responde la madre­—. Está muy triste porque la selección no puede continuar en el mundial.

—¿Puede jugar otros partidos? —pregunta el niño, con cara de preocupado.

—¡Sí, por supuesto que sí, en la selección y con el Mónaco! —responde la madre.

—¡Uff…Que bueno! —dijo aliviado—. Mamí: ¡Cuando sea grande Yo quiero ser como él! ­— agregó el pequeño, mientras continuaba mirándolo en la tele.

—Sí hijo, es muy buen jugador —respondió la madre—. Además, vale la pena aprender de un hombre, que es capaz de llorar cuando se siente muy triste.

Días después, James pasó de la tristeza a la alegría, cuando ganó el Botín de Oro, como el goleador del mundial Brasil 2014. 

Y Sergio Felipe continúa jugando fútbol y soñando con su héroe real.



© 2014 Liliana Mora León