martes, 29 de julio de 2014

Cuento corto sobre el amor al prójimo: La mejor maestra

Después de unas vacaciones de verano, los niños regresaron a clases como cada año, pero algo había cambiado para siempre: la maestra María no regresaría más, estaba lejos y no volvería jamás.
Después de la primera semana sin su presencia, tres de sus pequeños estudiantes hablaban a la hora del recreo sobre ella:
—¡Extraño mucho a la maestra! —dijo uno de ellos—. Con ella las clases eran muy divertidas, ahora son tan aburridas, siempre lo mismo: bla, bla, bla…
—Ella me enseñaba con mucha paciencia —dijo la segunda—, varias veces que me preguntó cuánto era 7 x 8, yo no la sabía, pero ella no me regañaba ni gritaba, como sí lo hace mi papá.
Por último, habló el más pequeño; un niño bastante tímido que poco se atrevía a hablar con sus compañeros. Al principio, dudó en contestar por miedo a lo que los otros pensaran, pero al final se atrevió a decir:
—Lo que más extraño de la maestra María, es que cada vez que me miraba sonreía y con ella nunca tenía miedo a hablar...¡He perdido a la única persona que me escuchaba!
© 2014 Liliana Mora León

sábado, 26 de julio de 2014

Cuento sobre el perdón y la familia: El solitario Juan


















Juan tenía una familia muy numerosa, que vivía en una casa bastante pequeña. Entre tanta gente y tan poco espacio, era frecuente que los niños discutieran por la pérdida de algún juguete, o pelearan por la invasión de los pequeños “espacios propios”.

A pesar de las peleas, casi todos se reconciliaban a los pocos minutos y volvían a jugar como antes. Juan era la excepción; había decidido no volver a jugar con cada uno de sus hermanos y hermanas que de alguna manera lo molestaran. 

Cualquier razón era buena para pelear: tomar un juguete suyo, ponerle un apodo, reírse de él o algo que no le gustara.

Juan, lo decidió y así lo hizo, era un chico muy testarudo. Al principio, peleó con los más traviesos de la casa, pero después, poco a poco fue encontrando motivos para romper las relaciones con los demás. Día a día estaba más solo, y pasaba largo rato escondido en su pequeño espacio: un tubo de cemento en el jardín.

Al ver lo que estaba pasando, el padre de Juan fue a hablar con él en su escondite, y le preguntó:

—­¿Por qué peleaste con todos tus hermanos?

—¡Son un fastidio! —respondió Juan con una gran mueca y mal humor—.¡Viven todo el tiempo molestándome!

—Pero esa no es una razón para seguir disgustado y aislado de todos —le explicó el padre.

—Es mejor así, aquí nadie me molesta ­­—aclaró el niño con gran orgullo.

—Sí, tienes razón, viviendo solo y encerrado, no tienes quien te ofenda —confirmó el padre—. Pero también, alejas toda la alegría que puedes tener jugando con tus hermanos.

—Pero me cuesta mucho olvidar lo que me hicieron y volver a jugar con ellos —responde el niño.

—Hijo, en la vida todo se aprende—dijo el padre mientras con amor lo sacaba de su escondite y lo abrazaba dándole confianza—. Y aquí en nuestra familia, con tantos hermanos y hermanas, tendrás muchas oportunidades para aprender a perdonar. ¿Crees que puedes hacerlo?

—Sí, papá —exclamó Juan—. Pero...¡No sé cómo!

—Hijo, antes acumulabas las ofensas de tus hermanos —explica el padre—. Qué te parece si ahora haces todo lo contrario y te dedicas a guardar en tu memoria los lindos detalles que ellos tienen contigo. Verás que siempre tienes razones para darles las gracias.

—Está bien, papá —respondió Juan—. Además, me aburro mucho estando tan solo. 

Desde ese día, Juan apreciaba cada cosa buena que sus hermanos hacían por él; desde enseñarle a jugar fútbol, explicarle como pasar un nivel de un videojuego, ayudarle con alguna tarea o simplemente llevarle la comida a la mesa.
Ahora Juan está mucho más feliz y se alegraba de tener una familia tan numerosa.

© 2014 Liliana Mora León

miércoles, 16 de julio de 2014

Historia de amor al deporte: James Rodriguez, un héroe real

Sergio Felipe es un niño colombiano, que como tantos otros, ama el fútbol. Antes de poder caminar, ya le pegaba a la pelota con una fuerza increíble. Pronto cumplirá los 5 años, y es todo un goleador en su equipo barrial.

¿Sus ídolos?, los héroes del momento: Ronaldo y James Rodríguez. En el último mundial, la selección de Colombia fue eliminada por Brasil, y al final del juego, James, lloraba ante las cámaras por no pasar a la siguiente ronda.

­—¡Mamá, James está llorando! —dice Sergio algo desconcertado, nunca en su corta vida, había visto llorar a un hombre—.¡Míralo, está llorando! —le insiste a la madre.

—¡Sí Sergio, los hombres también lloran! —responde la madre­—. Está muy triste porque la selección no puede continuar en el mundial.

—¿Puede jugar otros partidos? —pregunta el niño, con cara de preocupado.

—¡Sí, por supuesto que sí, en la selección y con el Mónaco! —responde la madre.

—¡Uff…Que bueno! —dijo aliviado—. Mamí: ¡Cuando sea grande Yo quiero ser como él! ­— agregó el pequeño, mientras continuaba mirándolo en la tele.

—Sí hijo, es muy buen jugador —respondió la madre—. Además, vale la pena aprender de un hombre, que es capaz de llorar cuando se siente muy triste.

Días después, James pasó de la tristeza a la alegría, cuando ganó el Botín de Oro, como el goleador del mundial Brasil 2014. 

Y Sergio Felipe continúa jugando fútbol y soñando con su héroe real.



© 2014 Liliana Mora León

martes, 15 de julio de 2014

Cuento sobre la amistad y la bondad: Sofía y su único amigo

La pequeña Sofía vivía en una lujosa mansión, llena de cuartos y más cuartos. 

Ella disponía de los mejores juguetes que el dinero pudiera comprar, pero no con quien jugar.

No tenía hermanos, ya que sus padres eran gente muy ocupada, y una hija era mejor que nada.


Amigos no conocía, sus padres evitaban que jugara con cualquiera.

Los perros y los gatos, tampoco estaban invitados, podían ensuciar tan hermoso lugar.

Adquirió fama de niña traviesa, y de sus aventuras más de una vez no salió ilesa.

Jugar a las escondidas, era su pasatiempo preferido. Y aunque nadie la buscara, ella seguía encontrando nuevos sitios para esconderse.

Una tarde, Sofía no aparecía. La madre comenzó a buscarla por todos lados: en cada uno de los 11 cuartos, en los 5 baños, la cocina, la despensa, la sala de visitas, el estudio, el cuarto de juegos, el comedor auxiliar y el principal...No lograba encontraba en esa casa tan inmensa.

Buscó en los muebles de la cocina, en la lavadora, llegó a revisar hasta en las cestas de la ropa sucia, pero no estaba por ningún lugar. Parecía que se hubiera esfumado.

De pronto, al entrar nuevamente al cuarto de Sofía, la madre escuchó un ruido en el armario. Al abrir la puerta, encontró allí a la pequeña en un rincón, muy acurrucadita y con un pequeño gatico entre sus brazos.

Al ver a su mamá, con una voz muy bajita, le dice:

—¡Silencio mamá, que está dormido!

—¿Dónde encontraste ese animal? —preguntó la madre bastante enojada.

—Entró por la ventana —respondió la niña.

—Tienes que dejarlo afuera, no puedes tener en casa a un animal callejero—ordenó la madre.

—¡No!¡Este es mi gato! —respondió la niña mientras lo apretaba fuerte contra su pecho, intentando que no saliera corriendo.

Unas lágrimas corrían por las mejillas de Sofía mientras su madre intentaba quitarle el pequeño gato.


—Por favor mamá, permite que se quede, él es mi amigo —imploró la niña—. Es mi único amigo.

Esas últimas palabras resonaron en la cabeza de la madre, "mi único amigo".

—Nosotros tenemos una enorme casa y él no tiene dónde vivir. Tú me has dicho que tenemos que ayudar a los necesitados y él necesita una casa y quien lo cuide—agregó Sofía.

Eso era verdad, en varias ocasiones la madre hablaba de ayudar a otros, intentando que Sofía no se volviera una niña egoísta entre tanto lujo y comodidad. Las palabras de la pequeña la hicieron recapacitar:

—Bueno, está bien, puedes quedarte con él —respondió la madre—. Tienes razón hija, hay que ayudar al otro sin mirar a quién, y si llega a nuestra casa no podemos cerrarle las puertas.

—¡Ni las ventanas! —respondió Sofía muy feliz de poder conservar a su único amigo.

© 2014 Liliana Mora León

domingo, 13 de julio de 2014

Cuento sobre el trabajo en equipo: El sol recto-curvo


La maestra María, dividió a sus estudiantes en dos grupos; uno de niñas y el otro de niños. Ambos tenían una tarea que completar: dibujar un hermoso sol, con una cara muy sonriente y unos rayos fuertes. 

Pero, había una condición: las niñas solo podían utilizar líneas curvas para construir el dibujo, y los niños hacerlo con líneas rectas.

A las niñas les quedó muy linda la cara del sol, redondita con unos ojos hermosos y expresivos, y una boca muy sonriente. Intentaron de mil maneras hacer los rayos largos y fuertes, pero tan sólo consiguieron que el sol quedara como un girasol.

El sol de los niños tenía unos rayos muy derechitos que parecían funcionar muy bien, pero no logró ser redondo, puntas le sobraban por todos lados. De la sonrisa del sol…ni hablar, siempre puntiaguda y parecía estar malhumorado.

Después del intento, la maestra, propuso a la clase dibujar entre todos el sol. Las niñas pintarían lo que necesitara líneas curvas y los niños las rectas. Fue un trabajo un poco más lento, ya que cada uno tenía que hacer una parte del dibujo y esperar su turno para hacerlo.

Al final de la clase... ¡Un hermoso sol apareció! 

© 2014 Liliana Mora León

Imagen: http://all-free-download.com

sábado, 12 de julio de 2014

Cuento: El saludo al sol

Al amanecer cuando llega el sol:

El gallo: canta
La cabra: bala
La vaca: muge
El cerdo: gruñe
El caballo: relincha
El perro: ladra
El pato: grazna
El gato: maúlla
La abeja: zumba
El asno: rebuzna
Y el hombre: ¡No dijo ni muuu...!

© 2014 Liliana Mora León


Imagen:Web 

Cuento sobre el amor al prójimo: El mundo es una caja de colores

 En un rincón de la clase del primer grado lloraba Ana, una de las pequeñas estudiantes. Aquello era muy raro, ella era una niña que siempre vivía feliz y sonriente.

—¿Por qué lloras? ¿Te duele algo? —le pregunta la profe a la pequeña.

—Maestra, Juanita me ha dicho que soy muy fea —respondió la niña entre lágrimas y sollozos—. ¡La más fea de toda la clase!

—Eso no es verdad — le dice la maestra mientras le seca con ternura las lágrimas—. Eres una pequeña muy hermosa.

—¿Por qué has dicho eso Juanita? —pregunta la maestra un poco enojada.

—Porque ella es muy oscura —responde la niña un poco dudosa. ­

—Juanita, todos tenemos un color de piel con el que nacemos —explica la maestra—, unos son más claros y otros más oscuros, pero todos igual de bellos.

¿Niños y niñas han pensado en cómo sería el mundo si no existieran los diferentes colores? —preguntó la maestra a su clase.

—¡Muy aburrido! Como un día de lluvia —respondió el más travieso.

—Las flores serían todas iguales— dijo Ana.

—No existiría el arcoíris — agregó Juanita.

¿Ya lo ven niños? —preguntó la maestra—.¡Es maravilloso que seamos diferentes!

Al final la maestra dio un gran suspiro y agregó:

¡El mundo es como una caja de colores, es más bella mientras más colores tenga!

© 2014 Liliana Mora León

Imagen: morguefile

jueves, 10 de julio de 2014

Cuento de amor al agua: Los tres paticos y el gran tesoro



















Era un bello día, una tarde de linda primavera en el estanque del parque. Tres pequeños patos, jugaban alegres en círculos, persiguiéndose uno al otro, mientras mamá pata los miraba divertirse.

—¿Qué les parece si hoy tenemos una gran aventura? —dijo mamá pata — Iremos a buscar un gran tesoro.

—¡Qué divertido! —dijo el primero con su gorra en la cabeza—. Seremos como los piratas.

—¡Podemos hacer una gran expedición! —agregó el segundo con su elegante corbatín

—¡No quiero perderme!­—expresó el más chiquitín que era bastante temeroso.

­—Caminaremos todos juntos, como un gran equipo, —lo tranquilizó mamá pata—ninguno se perderá, y encontraremos más rápido el tesoro.

Y así, los tres pequeños y mamá, salieron alegres a buscar el tesoro. Sólo ella conocía muy bien lo que buscaban. El camino fue difícil, el sol calentaba muy fuerte, y recorrieron varios kilómetros sin tomar una gota de agua.

Ellos daban saltos, pasos rápidos y graznidos por aquí y por allá. Los patos preguntaban a mamá una y otra vez: ¿Es éste el tesoro? ¿Qué tan cerca estamos? ¿Ya vamos a llegar?...y mamá, respondía pacientemente las preguntas de los tres inquietos chiquitines.

¡Por fin!... después de un extenso viaje, mamá pata divisó a lo lejos lo que tanto andaban buscando, y emocionada les gritó:

—¡Corran, corran rápido, estamos llegando! ­­

En ese momento, olvidaron el cansancio y todos salieron apresurados detrás de mamá. Uno tras otro como en fila india, organizados del más grande al más pequeño. ¡Ellos saltaban dichosos de alegría!

—¡Felicitaciones mis pequeños! — dijo orgullosa doña pata después de tan larga y agotadora travesía
— Hemos encontrado el tesoro

­—¿Mamá dónde está el oro?­ —preguntó el hermano mayor.

—No todo tesoro es oro, hay cosas que no son oro, pero son todo tesoro 
—aclaró mamá pata, pero ninguno de los tres comprendió lo que decía.

—¿Cuál es el tesoro? —preguntó esta vez el pato del corbatín esperando encontrar un gran botín y armar  un festín.

—¡El agua! —responde emocionada—. ¡El agua pura y cristalina; ese es nuestro tesoro!
—¿El Agua? —exclamaron los tres a la misma vez, con enormes ojos y el pico muy abierto.
—Sí, el agua —repitió ella.

Aquel era un sitio hermoso, un pequeño lago de agua dulce, tan clara que se podía mirar el fondo y más allá.

— Pero en nuestro estaque también hay agua —dijo el hermano mayor algo desilusionado.

— El agua del estanque está contaminada, la gente arroja basura en nuestro hogar —dice tristemente, mientras ve a sus hijos
 por eso, mis pequeños, tenemos que buscar agua limpia para beber; si tomamos agua sucia nos dolerá la panza y se inflará tanto como la de una gansa.
Después de lo dicho por doña pata, todos cansados de tan extenso viaje y con una enorme sed, se lanzaron presurosos al lago, zambulleron su pico y bebieron deseosos una y otra vez. Era el agua más deliciosa que habían probado en sus vidas. 
Luego, una vez que la sed se marchó, nadaron felices jugando con la corriente. Se divertían montones viendo sus imágenes reflejadas en el agua transparente, era la primera vez que veían sus caras como en un espejo...un espejo natural de agua tan limpia como un cristal.
De un momento a otro, el pato más pequeño, que se había alejado del grupo gritó a sus hermanos:
—¡Está brillando, está brillando!
Todos nadaron hasta donde él estaba, y miraron atentamente el sitio que su hermano señalaba con la cabeza; era el lugar donde los dorados rayos del sol, que resplandecían como el oro, se encontraban con el agua de cristal. Allí, entre oro y cristal, estrellas parecían brillar y chispas de diamantes comenzaban a titilar...¡Habían encontrado el tesoro!

© 2014 Liliana Mora León

Fábula sobre la vida: El mono joven y la tortuga vieja

































Un mono joven de la selva fue invitado a la  gran fiesta para celebrar los 200 años de la señora Tortuga. Deseoso de tener una larga vida como ella, decidió preguntarle sus secretos:

—Señora Tortuga: ¿Me pude contar cuál es su secreto para vivir tantos años? 

La tortuga, sorprendida por el interés del inquieto mono, alegremente le contestó:

—Las tortugas vivimos muchos años, porque siempre vamos lento, muy lento; no tenemos afanes y caminamos tranquilamente. Vemos muy bien el camino antes de avanzar, así nunca nos extraviamos.

—Pero, yo soy un mono —dijo el joven—, nosotros siempre vamos rápido de árbol en árbol.

—Bueno es para ti, joven travieso, descansar para recuperar tus fuerzas. Las tortugas también tomamos largas horas bajo el sol y disfrutamos de una buena siesta.

—¿Cómo puedes dormir en una selva tan peligrosa?. —Preguntó el mono bastante preocupado.

—Para una tortuga es muy fácil protegerse de cualquier enemigo: escondemos la cabeza en nuestro duro caparazón, así, ninguno puede hacernos daño. 

Mientras la tortuga hablada, el ansioso mono saltaba, saltaba, saltaba... Sin darse cuenta, se pegó en la cabeza con una gran rama de un árbol. El golpe fue tan fuerte que un gran chichón le salió y el mono chilló.

¡Ten cuidado! —exclamó la tortuga al ver aquel chichón—. Recuerda que para tener una larga vida debes: ¡Cuidar tu cabeza¡... Sin ella no llegarás a ninguna parte.

© 2014 Liliana Mora León

"No es lo mismo un joven mono y una vieja tortuga,
que un mono joven y una tortuga vieja"

Fábula de amor a la naturaleza: Las abejas se acaban

En el panal se debatía fuertemente el futuro de las abejas. Era una realidad: ¡Las abejas se estaban extinguiendo!

Ante los graves hechos la Reina convocó a un grupo de sus mejores abejas para buscar soluciones a tan alarmante situación.

La primera, una dirigente de las abejas guardianas propuso: 
Llamemos a las abejas más venenosas del mundo y acabemos con todos los humanos, ellos son los causantes de nuestra extinción.

Eres muy fuerte, y valiente para buscar a un enemigo tan poderoso  —respondió la Reina—, pero nosotras las abejas no somos animales violentos, traemos miel y flores al mundo, no guerras.

La segunda, una abeja zángana agregó:Traslademos el panal a otro lugar, donde el hombre no pueda llegar, así huiremos de él.

El hombre ya está en cada rincón de la tierra, en ningún lugar estaremos a salvo de sus acciones. Además 
aclaró la Reina, las abejas vivimos poco tiempo, no podríamos volar muy lejos 

Por último, habló una abeja obrera, una anciana respetada por su gran sabiduría:

No podemos luchar con un enemigo tan poderoso, tampoco podemos alejarnos lo suficiente 
—después con voz calmada agregó—; pero si nuestra vida es tan breve, hoy debemos trabajar aún más duro, para que la miel que producimos con tanto amor, pueda algún día endulzar el corazón de cada uno de los hombres.

Y desde la gran asamblea, las abejas decidieron doblar sus turnos de trabajo, ya no tienen días festivos, y no volvieron a tomar vacaciones... intentan producir cada día más miel...pero todavía existen muchos corazones humanos sin dulzura.

© 2014 Liliana Mora León